Después de unas maravillosas horas en el aeropuerto de Carrasco estoy nuevamente en el Santalocura.
Ayer viajé a Montevideo por Pluna como para tomar el aéreo de las 22:00 a Porto Alegre, pero la compañía cordialmente decidió cambiar mis planes e invitarme a disfrutar de las instalaciones del aeropuerto durante toda la noche.
Eso sí, fue a cambio de un Vaucher por un alfajor y una Coca. Me sentí plenamente honrado, acepté la invitación y aproveché para visitar todo lo que que tan gentilmente pusieron a mi disposición, el bar, los baños, el free shop, los sillones y así sucesivamente. En síntesis, Disneylandia.
Eso trajo algunas pequeñas modificaciones de agenda: en lugar de llegar a Porto Alegre a las 01:00, llegué a las 07:00. El ómnibus a Rio Grande salía a las 08:00 para llegar a las 13:00. Me pareció una descortesía abandonar raudamente el aeropuerto así que me quedé pacientemente haciendo una cola de 40 minutos y después me quedé conversando un poco más con la funcionaria de migraciones, perdí el Planalto de las 08:00 y tomé el de las 10:00.
Cinco horas de viaje en lugar de cuatro, a las 16:00, como dije al principio, estaba en el club listo para hacer los trámites y partir con la flota.
Pero en Rio Grande todo era quietud y yo venía con el vértigo de la ciudad, el Tregua ya estaba en el agua con el prensaestopa en orden, el Pip recibiendo un baño, el Placidez de paseo, Lidia me recibió con las novedades de casa porque está en línea directa con Betty y yo tenía el celular sin batería.
Carlos estaba en el galpón con María haciendo un poco de mecánica para el Gipsy.
No hay planes de salir, así que encendí el SPOT y me fuí a sacar algunas fotos.


Ayer viajé a Montevideo por Pluna como para tomar el aéreo de las 22:00 a Porto Alegre, pero la compañía cordialmente decidió cambiar mis planes e invitarme a disfrutar de las instalaciones del aeropuerto durante toda la noche.
Eso sí, fue a cambio de un Vaucher por un alfajor y una Coca. Me sentí plenamente honrado, acepté la invitación y aproveché para visitar todo lo que que tan gentilmente pusieron a mi disposición, el bar, los baños, el free shop, los sillones y así sucesivamente. En síntesis, Disneylandia.
Eso trajo algunas pequeñas modificaciones de agenda: en lugar de llegar a Porto Alegre a las 01:00, llegué a las 07:00. El ómnibus a Rio Grande salía a las 08:00 para llegar a las 13:00. Me pareció una descortesía abandonar raudamente el aeropuerto así que me quedé pacientemente haciendo una cola de 40 minutos y después me quedé conversando un poco más con la funcionaria de migraciones, perdí el Planalto de las 08:00 y tomé el de las 10:00.
Cinco horas de viaje en lugar de cuatro, a las 16:00, como dije al principio, estaba en el club listo para hacer los trámites y partir con la flota.
Pero en Rio Grande todo era quietud y yo venía con el vértigo de la ciudad, el Tregua ya estaba en el agua con el prensaestopa en orden, el Pip recibiendo un baño, el Placidez de paseo, Lidia me recibió con las novedades de casa porque está en línea directa con Betty y yo tenía el celular sin batería.
Carlos estaba en el galpón con María haciendo un poco de mecánica para el Gipsy.
No hay planes de salir, así que encendí el SPOT y me fuí a sacar algunas fotos.





