Llegamos a Jurere el mismo día 31 de Mayo. La flota ya había programado descansar en Pinheira y retomar al día siguiente por Naufragados para llegar pasando debajo de los puentes Hercilio Luz luego de hacer combustible en la sede central del Iate Club Veleiros da Ilha.
El paseo entre la isla y el continente es muy bonito, pero ya lo habíamos hecho en 2008 con el Soleado y este año por la altura del palo nos tocaba ir por afuera.
Yo estaba ansioso por volver a hacer ese trayecto como en el 1998, así que decidí adelantarme un poco y mientras el grueso de la flota llegaba al lugar elegido para fondear, nosotros hacíamos lo mismo en la subsede al norte de la isla.
Jureré es un lugar de excelencia,
"ya estamos en Brasil"
dijo uno de mis tripulantes, haciendo referencia a las aguas transparentes, las arenas claras y los morros cubiertos por mata atlántica.
En verdad así es Jureré, con el agregado que brinda la construcción del mas alto nivel situada en Jurere Internacional , que de comenzar siendo unas pocas casas lujosas contra el morro de Ponta Grosa hacia fines de los ochenta, acabó extendiéndose hasta quedar unida a la vieja Jureré como un único poblado.
En el club las amarras son al borneo y para los barcos de mayor eslora el muelle (trapiche) queda casi cruzando el Atlántico. Por suerte hasta allí nos llegaba la señal de internet y disponíamos el bendito "vai vem" que es un gomoncito que viene cuando escucha que lo llaman por canal 71, más aún, a veces escucha.
El 1° llegaron Silvia y Federico junto a ellos pasamos unos lindos días de descanso con buena comida bastante vino y alguna que otra siesta.
El día 3 de Junio fuimos agasajados y nos recibió el comodoro del club, un muy gentil hombre, enamorado de la pesca, que al mediodía había compartido un café de sobremesa y nos había mostrado un álbum con innumerables fotos de presas enormes y variadas.
Nos habló mucho de la zona y de los tipos de lineas a utilizar y nos prometió invitar a una tienda de equipamiento que nos viniera a asesorar ese mismo día y a vender lo que necesitáramos.
Un día entero lo destinamos a los trámites de rigor, Policía y Capitanía. Digo esto porque la Policía Federal de Florianópolis cuyo departamento central se encuentra en el centro de la isla, es tan amable como rigurosa con los requisitos de documentación. A diferencia de otras delegacías, exigió, sacó fotocopias y registró la documentación completa de todos los veleros y de cada uno de sus tripulantes y amable, porque a pesar de que una turba de veleristas los invadió sin aviso, mientras ellos pensaban hacer el trámite al día siguiente en la subsede , ante la explicación de Carlos de que ése era el día elegido para zarpar, rápidamente cambió de idea y decidió atendernos de inmediato.
El día cinco alquilamos un auto y nos fuimos los cinco a Bombinhas.
Betty no podía estar tan cerca y no pasar por ahí. Era un día lluvioso pero igual fuimos a la playa, Fidel no había ido desde el 2008 y Silvia y Fede no la conocían.
Mientras caminábamos vimos que los pescadores, como es ritual en esta fecha estaban retirando una red en procura de tainha (lisas). Mientras tomábamos fotos, inspeccionábamos las redes y devolvíamos los peces más pequeños al mar, a Betty le pareció reconocer a Roberto, el portero del edificio donde tantas vacaciones habíamos pasado. Yo no lo reconocí, estaba gordo y dando órdenes a los pescadores. Ella insistió que era él y le preguntó a uno de los que allí estaban quien era y éste le confirmó que era él.
Lo corrimos y vimos que entraba en una casa que sabíamos que era de un pescador. Aguardamos un poco y cuando salió nos fundimos en un abrazo porque nos era una grata persona a la que le tenemos mucho cariño y recordamos con nostalgia muchas de las charlas que mantuvimos a lo largo de nuestras estadías.
Roberto es un hombre culto, amable y de una honestidad intrínseca y cultural, muy trabajador, pero cuando se jubiló jamas volvió a pisar su antiguo lugar de trabajo.
El estaba allí porque es de familia de pescadores, la casa que conocíamos era del hermano y nos estuvo contando que las licencias de pesca, son por zonas de playa y no pertenecen a los pescadores sino a los botes. A ellos les corresponden esas licencias por lo que son tan cuidadas y mantenidas. Nos llevó a la barraca don de guardan la embarcación, la de ellos era del año 1949, hecha de un solo tronco y estaba prolijamente pintada con esmalte sintetico. Ni él ni el hermano viven de la pesca, tienen propiedades que administran para turismo pero lo hacen por tradición. Nos contó que las barracas donde se guardan los botes están sobre terrenos que son jurisdicción de la marina de Brasil, más precisamente desde la primera fila de plantas hasta 33m de distancia. Sin embargo su hermano que era el propietario de ese lote, solo podía construir su propiedad en el resto terreno y la barraca debía quedar.
Las reglas de los pescadores hacen que los que tienen la licencia se ayudan con otros pescadores que no reciben paga sino parte del fruto de la pesca. Lo usual es mitad para los que ayudan pero, según nos contó Roberto ellos reparten 2/3 y se quedan con el resto.
Esa noche de regreso fuimos a Jureré Internacional, estuvimos caminando por la peatonal que a pesar de ser invierno, domingo y destemplado tenía todos sus comercios abiertos y pudimos ver vidrieras, entrar a los negocios y hasta sentarnos a tomar té y café caliente.
El día seis fuimos al super donde compré dos velitas y unos bonetes, mientras Silvia conseguía una torta que escondimos separadas de la compra general, para festejar los sesenta de Betty.
A la noche hicimos un pequeño festejo, más pequeño si pienso que los sesenta son una fecha tan importante (las cinco docenas de los japoneses habla bastante de la importancia de esta fecha).
Betty extraño horrores a Clara y a sus hijos aunque se emocionó mucho con la sorpresa, sé que no fue su fiesta soñada y eso la hace más grande en mi corazón porque sé bien que lo cambió por acompañarme.
Bueno, solo restan unas fotos que resumen esos días.
El Agasajo
Bombinhas
El cumple
La subsede
El paseo entre la isla y el continente es muy bonito, pero ya lo habíamos hecho en 2008 con el Soleado y este año por la altura del palo nos tocaba ir por afuera.
Yo estaba ansioso por volver a hacer ese trayecto como en el 1998, así que decidí adelantarme un poco y mientras el grueso de la flota llegaba al lugar elegido para fondear, nosotros hacíamos lo mismo en la subsede al norte de la isla.
Jureré es un lugar de excelencia,
"ya estamos en Brasil"
dijo uno de mis tripulantes, haciendo referencia a las aguas transparentes, las arenas claras y los morros cubiertos por mata atlántica.
En verdad así es Jureré, con el agregado que brinda la construcción del mas alto nivel situada en Jurere Internacional , que de comenzar siendo unas pocas casas lujosas contra el morro de Ponta Grosa hacia fines de los ochenta, acabó extendiéndose hasta quedar unida a la vieja Jureré como un único poblado.
En el club las amarras son al borneo y para los barcos de mayor eslora el muelle (trapiche) queda casi cruzando el Atlántico. Por suerte hasta allí nos llegaba la señal de internet y disponíamos el bendito "vai vem" que es un gomoncito que viene cuando escucha que lo llaman por canal 71, más aún, a veces escucha.
El 1° llegaron Silvia y Federico junto a ellos pasamos unos lindos días de descanso con buena comida bastante vino y alguna que otra siesta.
El día 3 de Junio fuimos agasajados y nos recibió el comodoro del club, un muy gentil hombre, enamorado de la pesca, que al mediodía había compartido un café de sobremesa y nos había mostrado un álbum con innumerables fotos de presas enormes y variadas.
Nos habló mucho de la zona y de los tipos de lineas a utilizar y nos prometió invitar a una tienda de equipamiento que nos viniera a asesorar ese mismo día y a vender lo que necesitáramos.
Un día entero lo destinamos a los trámites de rigor, Policía y Capitanía. Digo esto porque la Policía Federal de Florianópolis cuyo departamento central se encuentra en el centro de la isla, es tan amable como rigurosa con los requisitos de documentación. A diferencia de otras delegacías, exigió, sacó fotocopias y registró la documentación completa de todos los veleros y de cada uno de sus tripulantes y amable, porque a pesar de que una turba de veleristas los invadió sin aviso, mientras ellos pensaban hacer el trámite al día siguiente en la subsede , ante la explicación de Carlos de que ése era el día elegido para zarpar, rápidamente cambió de idea y decidió atendernos de inmediato.
El día cinco alquilamos un auto y nos fuimos los cinco a Bombinhas.
Betty no podía estar tan cerca y no pasar por ahí. Era un día lluvioso pero igual fuimos a la playa, Fidel no había ido desde el 2008 y Silvia y Fede no la conocían.
Mientras caminábamos vimos que los pescadores, como es ritual en esta fecha estaban retirando una red en procura de tainha (lisas). Mientras tomábamos fotos, inspeccionábamos las redes y devolvíamos los peces más pequeños al mar, a Betty le pareció reconocer a Roberto, el portero del edificio donde tantas vacaciones habíamos pasado. Yo no lo reconocí, estaba gordo y dando órdenes a los pescadores. Ella insistió que era él y le preguntó a uno de los que allí estaban quien era y éste le confirmó que era él.
Lo corrimos y vimos que entraba en una casa que sabíamos que era de un pescador. Aguardamos un poco y cuando salió nos fundimos en un abrazo porque nos era una grata persona a la que le tenemos mucho cariño y recordamos con nostalgia muchas de las charlas que mantuvimos a lo largo de nuestras estadías.
Roberto es un hombre culto, amable y de una honestidad intrínseca y cultural, muy trabajador, pero cuando se jubiló jamas volvió a pisar su antiguo lugar de trabajo.
El estaba allí porque es de familia de pescadores, la casa que conocíamos era del hermano y nos estuvo contando que las licencias de pesca, son por zonas de playa y no pertenecen a los pescadores sino a los botes. A ellos les corresponden esas licencias por lo que son tan cuidadas y mantenidas. Nos llevó a la barraca don de guardan la embarcación, la de ellos era del año 1949, hecha de un solo tronco y estaba prolijamente pintada con esmalte sintetico. Ni él ni el hermano viven de la pesca, tienen propiedades que administran para turismo pero lo hacen por tradición. Nos contó que las barracas donde se guardan los botes están sobre terrenos que son jurisdicción de la marina de Brasil, más precisamente desde la primera fila de plantas hasta 33m de distancia. Sin embargo su hermano que era el propietario de ese lote, solo podía construir su propiedad en el resto terreno y la barraca debía quedar.
Las reglas de los pescadores hacen que los que tienen la licencia se ayudan con otros pescadores que no reciben paga sino parte del fruto de la pesca. Lo usual es mitad para los que ayudan pero, según nos contó Roberto ellos reparten 2/3 y se quedan con el resto.
Esa noche de regreso fuimos a Jureré Internacional, estuvimos caminando por la peatonal que a pesar de ser invierno, domingo y destemplado tenía todos sus comercios abiertos y pudimos ver vidrieras, entrar a los negocios y hasta sentarnos a tomar té y café caliente.
El día seis fuimos al super donde compré dos velitas y unos bonetes, mientras Silvia conseguía una torta que escondimos separadas de la compra general, para festejar los sesenta de Betty.
A la noche hicimos un pequeño festejo, más pequeño si pienso que los sesenta son una fecha tan importante (las cinco docenas de los japoneses habla bastante de la importancia de esta fecha).
Betty extraño horrores a Clara y a sus hijos aunque se emocionó mucho con la sorpresa, sé que no fue su fiesta soñada y eso la hace más grande en mi corazón porque sé bien que lo cambió por acompañarme.
Bueno, solo restan unas fotos que resumen esos días.
![]() |
| Noche de agasajo |
| Todos colaboran |
| Agradecimiento |
| Camiseta talle delgado |
| Hay que probar |
| Presente 1 |
| Presente 2 |
| Confraternidad |
| Los clubes agradecen |
| La insignia |
| Horacio |
| Los señuelos |
| Los reeles y cañas |
Bombinhas
| Tarde de Tainha |
| Mis tripulantes |
| Roberto |
| La captura |
| El barco |
El cumple
| La torta |
| Los deseos |
| Saludo |
| La fiestita |
| Lejos de casa |
La subsede
| Vista desde las parrillas |
| Gaviota en contraluz |
| Hacia el Sol |
| Carlos y María |
| Fidel, Silvia, Fede y Betty |
| Entre agua y cemento |
| Entre nubes |
| Entre barcos |
| Sobre la ciudad |
| El trapiche |
| El trapiche |
| Lidia, Silvia y Betty Lindas |
